Ridley Scott vuelve al porvenir: The Dog Stars y la elegía del mundo tras la peste

En marzo de 2026, cuando el calendario aún respira el frío del invierno, Ridley Scott regresa al territorio que mejor ha sabido cartografiar: la ciencia ficción como espejo moral de la humanidad. Tras casi una década orbitando relatos históricos —de Napoleón a Gladiator II— el cineasta británico vuelve al futuro con The Dog Stars, adaptación de la novela homónima de Peter Heller, publicada en español como La constelación del perro.

El estreno en salas españolas está fijado para el 27 de marzo de 2026, y la expectación no es solo comercial: es también simbólica. Scott, que redefinió el horror espacial con Alien y esculpió el neón existencial de Blade Runner, vuelve ahora a un paisaje devastado, pero íntimo; menos tecnológico, más humano.

Un apocalipsis sin estridencias

The Dog Stars se sitúa en un mundo arrasado por una pandemia de gripe que ha reducido la civilización a una sombra errante. No hay megaciudades lluviosas ni colonias marcianas; hay silencio, polvo y memoria. La historia sigue a Hig, interpretado por Jacob Elordi, un piloto que sobrevive en un aeródromo abandonado junto a Bangley, exmarine encarnado por Josh Brolin.

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El reparto se completa con Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong y la joven Alara-Star Khan, conformando un elenco que combina magnetismo generacional y veteranía dramática.

Lejos de los excesos del cine catastrofista, la película se inclina —según las primeras informaciones de producción y materiales promocionales— hacia una atmósfera elegíaca. Scott parece interesado menos en el colapso que en la persistencia: cómo se ama, cómo se recuerda y cómo se sobrevive cuando el ruido del mundo ha cesado.

La ciencia ficción como herida abierta

Resulta inevitable leer este proyecto a la luz del tiempo histórico que habitamos. Si Alien convertía el espacio en claustrofobia y Marte (2015) celebraba la resiliencia científica, The Dog Stars emerge en una era post-pandémica real, donde el espectador ya no necesita imaginar la fragilidad colectiva. El virus que asola el film no es solo argumento: es resonancia.

Scott, a sus casi nueve décadas de vida, continúa trabajando con una disciplina casi quirúrgica. En entrevistas recientes ha reiterado su fascinación por los relatos que combinan épica y vulnerabilidad, y aquí encuentra ambas: la vastedad de un mundo vacío y la intimidad de dos hombres aferrados a un aeródromo como último bastión de sentido.

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Entre la taquilla y la posteridad

El regreso de Scott al género despierta también una pregunta industrial. Sus recientes proyectos históricos han tenido trayectorias desiguales en salas, aunque muchos han encontrado una segunda vida en plataformas. The Dog Stars aspira a reconciliar crítica y público desde el primer momento, apoyada en una campaña que subraya el “retorno al hogar” creativo del director.

Pero más allá de cifras y estrategias, lo que verdaderamente importa es la coherencia autoral. Si algo ha demostrado Scott es que su mirada, incluso cuando tropieza, nunca es indiferente. Su cine dialoga con el tiempo: a veces lo precede, otras lo contradice, pero rara vez lo ignora.

Con The Dog Stars, el británico no solo vuelve a la ciencia ficción; vuelve al interrogante esencial que la sustenta: ¿qué queda de nosotros cuando el mundo se apaga? Quizá, como sugiere el título, solo las estrellas —y la obstinada voluntad de mirarlas.

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