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Crítica | Torrente presidente: el circo del poder en clave de chiste grueso

Santiago Segura vuelve a demostrar que entiende mejor que nadie al gran público

La prensa de Estados Unidos se rinde ante el fenómeno de ‘Torrente presidente’

El regreso de Santiago Segura con Torrente presidente ha trascendido las fronteras españolas para captar la atención de los gigantes mediáticos de Hollywood. En menos de una semana, la cinta no solo ha recuperado la inversión de su producción, sino que ha establecido un hito histórico que la prensa estadounidense califica de inédito para el género.

Un estreno de récord mundial

La acogida ha sido tan masiva que este jueves la película ya superaba los 10 millones de euros de recaudación. Medios especializados en EE. UU. han sido tajantes: «Ninguna comedia para mayores de 16 años de Hollywood, España o cualquier otro lugar ha tenido un estreno tan exitoso».

Este nuevo logro es la cima de una franquicia que, desde su debut en 1998, ha acumulado 15 millones de espectadores y una recaudación global de 94,3 millones de dólares con sus primeras cinco entregas, consolidando al ex policía José Luis Torrente como un icono de la incorrección política.

La estrategia del misterio

Variety, referente absoluto del sector, atribuye parte del éxito a una táctica de marketing tan arriesgada como innovadora: el secretismo total. La decisión de no revelar imágenes ni cameos antes del debut, sumada a la publicación del tráiler cuatro días después de estar en salas, ha generado una curiosidad sin precedentes.


Incorrección política y aplauso de la crítica

La prensa norteamericana destaca cómo el carisma de un personaje definido como «canalla, machista y racista» sirve para ejecutar una parodia mordaz sobre los gobernantes actuales. Según los analistas, la «visceralidad» del humor de Segura resuena especialmente en un contexto global donde la política atraviesa momentos de gran tensión.

Además del favor del público, la crítica se ha sumado al entusiasmo:

  • Se la califica como la «mejor película política del cine español en una década».
  • Los pases de prensa han terminado con ovaciones cerradas, un gesto que los corresponsales extranjeros señalan como «poco común» en el ámbito cinematográfico español.

Proyecciones hacia el éxito total

Torrente presidente ya firma el mejor arranque para el cine patrio desde fenómenos como Ocho apellidos vascos o Lo imposible. Durante sus primeros cuatro días, la cinta acaparó el 70% de la taquilla total en España. Las previsiones sitúan su recaudación final cerca de los 25 millones de euros ($28,75 millones), una cifra que podría dispararse aún más si mantiene el ritmo durante el periodo de Semana Santa.

El circo del poder en clave de chiste grueso

Hay cineastas que trabajan la forma como un orfebre trabaja el oro. Y hay otros que, sin apenas pulir el metal, descubren que basta con hacerlo brillar lo suficiente para que una multitud lo compre. En ese segundo territorio habita, con una habilidad casi instintiva, Santiago Segura: un director cuya gramática visual rara vez abandona la modestia televisiva, pero que posee una intuición sociológica extraordinaria para detectar el pulso del público mayoritario.

Su nueva entrega —un artefacto cómico construido con materiales de sátira política y esperpento mediático— vuelve a demostrar ese extraño talento. No hay en ella virtuosismo formal ni ambición estética. La puesta en escena es funcional, casi descuidada, como si el cine fuese simplemente un recipiente para la broma inmediata. Sin embargo, en ese aparente desaliño se esconde una precisión quirúrgica: Segura sabe exactamente a quién habla y qué resortes debe activar para arrancar la carcajada.

La película levanta un espejo deformante de la política española contemporánea. En él desfilan caricaturas transparentes de Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso, Pablo Iglesias, Santiago Abascal, incluso el fantasma mediático de Donald Trump, todos reducidos a figuras grotescas que parecen escapadas de un plató de tertulia vespertina. El resultado recuerda menos a la tradición de la sátira cinematográfica que al carnaval permanente de la televisión de cotilleo: un país convertido en espectáculo, una política transformada en circo.

Captura-de-pantalla_13-3-2026_20127_www.google.com_ Crítica | Torrente presidente: el circo del poder en clave de chiste grueso

Bajo el ruido de las bromas se desliza, sin embargo, una intuición más amarga. La película insinúa que los políticos visibles no son más que actores de reparto dentro de una maquinaria superior. Un estrato de poder difuso —corporativo, tecnológico, económico— movería los hilos de ese teatro público donde el ciudadano común ocupa el último peldaño de la jerarquía: la condición de figurante. No es casual que el film pueda sugerir cómo una empresa de movilidad como Uber parece ejercer, en la práctica, más autoridad sobre la vida urbana que la propia alcaldía.

Nada de esto convierte a la obra en cine imprescindible. Para el espectador que busca lenguaje, textura o riesgo artístico, la película resultará más bien un producto funcional, concebido para el consumo rápido y el olvido inmediato. Pero sería ingenuo despreciar su eficacia sociológica. Segura ha comprendido algo que muchos autores ignoran: que el público mayoritario no busca necesariamente cine, sino complicidad.

Y esa complicidad se construye hoy en el territorio del meme, de la broma que podría circular mañana por TikTok, de la caricatura política que cabe en un titular. Allí, en ese ecosistema de humor inmediato y digestión veloz, la película encuentra su verdadera razón de ser.

Puede que no eleve el arte cinematográfico. Pero confirma algo que la taquilla recuerda una y otra vez: quien sabe hablar el idioma de la multitud, incluso con frases simples, termina llenando las salas.

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