Delta Force: cuando el cine de acción de los ochenta parece anticipar la fantasía política de Donald Trump y la captura imposible de Nicolás Maduro

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Menahem Golan también dirigía

Cuando la Cannon quiso jugar a ser Hollywood

Hubo un tiempo —breve, ruidoso y deliciosamente desmedido— en el que la Cannon soñó en voz alta. Soñó con competir, con ocupar el centro del plano, con sentarse en la misma mesa que los gigantes del cine de acción norteamericano. A mediados de los ochenta, el estudio de Menahem Golan y Yoram Globus ya no quería solo explotar el videoclub: quería escribir su nombre en mayúsculas, aunque fuera con pólvora barata y convicción mesiánica. Delta Force nace exactamente ahí, en ese instante en el que la ambición se vuelve más grande que el presupuesto… y por eso mismo resulta fascinante.

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La primera gran singularidad de esta cinta de acción de la Cannon es que Menahem Golan decide no limitarse al papel de productor —tarea que compartía, como de costumbre, con su primo Globus—, sino asumir también la dirección. No era la primera vez que lo hacía, pero sí la primera en la que parecía tomarse el asunto con una seriedad casi solemne. Delta Force debía ser, ante todo, una “gran” producción Cannon: contaba con la estrella totémica de la casa, aspiraba a una escala internacional y, sobre el papel, estaba concebida para medirse con los titanes del momento como Rambo o Commando.

Y subrayamos “sobre el papel” porque ahí reside la anomalía que convierte a Delta Force en una pieza tan peculiar dentro del cine de acción ochentero. Aunque el imaginario colectivo la recuerda como una exhibición de músculo patriótico y testosterona sin freno, la realidad es más extraña —y, en cierto modo, más interesante—. Delta Force no arranca como una fantasía bélica hiperbólica, sino como una suerte de disaster movie con vocación dramática, casi solemne, que poco a poco va mutando hasta desembocar en un estallido de excesos marca de la casa.

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Ese tránsito es clave. Durante buena parte de su metraje inicial, la película parece querer hablar en serio: del secuestro, del miedo, de la tensión política, del terror cotidiano. Hay incluso un intento de gravedad narrativa que roza el cine de catástrofes más clásico. Pero, llegado un punto, la Cannon toma el control absoluto del volante, pisa el acelerador sin mirar atrás y convierte el relato en un espectáculo exagerado, casi operístico, donde la lógica cede su sitio al icono y la verosimilitud se sacrifica en el altar del aplauso inmediato.

Delta Force es, en el fondo, un film partido en dos: la película que quiso ser respetada y la que no pudo evitar ser. Y quizá por eso sigue resultando tan reveladora hoy, como síntoma de una época y de un estudio que entendía el cine no como equilibrio, sino como impulso. Un cine que, cuando apuntaba alto, lo hacía sin red… y caía, muchas veces, de forma gloriosa.

Si uno ve solo la primera hora de metraje de ‘Delta Force’ es imposible que piense que está ante una película Cannon de acción primero porque Chuck Norris practicamente no aparece y segundo porque se nos cuenta de forma totalmente dramática el secuestro de un avión por parte de unos terroristas islámicos’. Y esta es la parte mejor conseguida por Golan, el director y jefazo Cannon consigue dar la seriedad y dramatismo a la historia, para que estemos cómodos pensando que estamos ante algo mucho más maduro qu el producto Cannon habitual. ‘Delta Force’ se mueve de manera magistral por el cine de secuestro y sobre la denuncia política, tanga o no razón. Pero amigos esto es Cannon y pasado el ecuador de la obra cuando el fuerte de la productora se hace pantente y donde Chuck Norris acompañado de Lee Marvin consigue apoderarse de la función para dejarnos unos últimos 50 minutos repletos de acción mal rodada y de motos que disparan misiles por delante y por detrás.

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Por desgracia es en esta segunda parte donde sale la Cannon más chuca y donde se demuestra que estaban a años luz de productos de acción de la época de serie A como ‘Rambo’, ‘Depredador’ o similares. Para ser el año 1986, el diseño de producción de las secuencias de acción es sumamente pobre y mucho más cercano al cine de los primeros 80s que al de la segunda mitad.

Pero como hemos dicho ‘Delta Force’ es mucho más que una película de acción Cannon es una producción original y distinta que sin llegar a emocionar consigue al menos hacernos creer que hemos visto un imprescindible del cine de videoclub.

DELTA FORCE by Lucen | Drama, acción y Cannon

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