“La gran farsa del entretenimiento”: Crítica de ‘Ahora me ves 3’, un espectáculo mágico que se deja querer

Crítica de ‘Ahora me ves 3’

Ahora me ves 3 llega envuelta en ese perfume amable de espectáculo global que recorre continentes como si fuesen cartas de una baraja trucada: Nueva York, Abu Dabi, Sudáfrica, Bélgica… y un castillo francés donde la película despliega su truco más sincero, casi infantil, casi ceremonial. Jesse Eisenberg, Dave Franco, Woody Harrelson e Isla Fisher regresan como los Cuatro Jinetes, y lo hacen sin imposturas: saben que el público viene a dejarse engañar, y ellos cumplen su parte del pacto con la ligereza de quien domina el oficio del juego.

Ruben Fleischer dirige esta tercera entrega con una soltura casi musical. No es un thriller de precisión, sino un entretenimiento de finas capas que se superponen sin peso dramático, apostando por un ritmo impecable, vivaz, que no concede tregua. La película, como un espectáculo de magia de feria elegante, celebra su propia naturaleza efímera: sus trucos funcionan porque no pesan, porque no buscan profundidad, sino brillo, movimiento, seducción inmediata.

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Hay momentos, sin embargo, en los que Fleischer se permite un lujo poco frecuente en estas producciones digitales contemporáneas: planos y secuencias trabajados con una elaboración coreográfica que roza lo virtuoso. El ejemplo más evidente es un plano secuencia amplio donde los magos encadenan trucos y artificios con la suavidad de un reloj antiguo agitando su péndulo. Es en esos instantes donde la película coquetea con la grandeza, con la artesanía que asoma tímidamente entre tanto barniz moderno.

Pero ese fulgor no oculta su naturaleza esencial: Ahora me ves 3 sigue teniendo ese halo de telefilme que asedia a muchas producciones actuales, tan pulcras y digitales que pierden textura, densidad, algo de alma. Es entretenidísima, sí, pero sus imágenes parecen estar alisadas por el algoritmo, por la exactitud sin rugosidad de un cine fabricado en cadena. La película lo sabe, y no intenta camuflarlo: abraza su ligereza como virtud, no como defecto.

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Narrativamente, despliega su truco mayor: la autoconsciencia. Nos pide complicidad, que aceptemos que todo es artificio, que el gran acto final —ese giro familiar y un poco folletinesco— no es más que una sonrisa de mago pidiendo el aplauso. Y uno aplaude, porque el pacto estaba claro desde el primer minuto: entramos a la sala para entrar en el juego.

Lo mejor:
Ese plano secuencia donde los trucos se encadenan sin respiración, una pieza de ritmo puro que casi quema la pantalla.

Lo peor:
El giro final, algo telenovelesco, que se saborea más como un guiño travieso que como un golpe maestro.

Conclusión:
Ahora me ves 3 no quiere trascender ni transformarse en un clásico moderno: quiere divertir, asombrar un poco, seducir con su engaño. Y lo consigue. Es un espectáculo de manos rápidas, un caramelo de ilusión bien ejecutada que brilla mientras lo miramos y se evapora después, dejándonos el recuerdo de un juego alegre, perfecto en su ritmo y encantador en su ligereza. Un telar de magia digital donde, por momentos, asoma un cine más trabajado, más artesanal, como un destello antiguo que todavía resiste dentro del truco.

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