La deuda millonaria de Estados Unidos con España por la ayuda a su Independencia
Hacia mediados del siglo XVIII, la Monarquía Hispánica expandió sus dominios con la incorporación de la Luisiana al vasto imperio regido por Carlos III. Este enclave, que comprendía cerca de un tercio del actual territorio de Norteamérica, sumado a la extensión de la Nueva España, otorgó a la administración española una injerencia decisiva sobre más de la mitad del suelo que hoy conforma los Estados Unidos. En aquel entonces, la futura potencia se hallaba reducida a las Trece Colonias, subordinadas al Imperio británico. La historiografía coincide en que la insurrección independentista, encabezada por George Washington, no habría alcanzado el éxito—al menos no con tal celeridad—sin la crucial asistencia financiera de la Corona española, que desempeñó un papel fundamental en la resistencia insurgente. Hoy, a casi 250 años de aquellos acontecimientos, el montante de esta deuda se estima en 12 billones de euros (12.000.000.000.000€), una cifra que sigue en aumento y que, hasta la fecha, no ha sido saldada.

El trasfondo histórico de estos sucesos se inserta en el contexto de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), conflicto que enfrentó a Inglaterra y Francia por la supremacía en Norteamérica y Asia. En las postrimerías de la contienda, cuando la derrota francesa era ya inminente, la corte de París persuadió a Carlos III para intervenir. Como gesto de gratitud, la monarquía borbónica francesa cedió al soberano español la extensión de la Luisiana. Con este movimiento estratégico, Francia no solo retiraba un territorio que había perdido su interés para la metrópoli, sino que además prevenía su anexión por parte del Reino Unido, que ya se había apoderado de la Florida hispana. En un afán de socavar la hegemonía británica, las administraciones franco-españolas fijaron su atención en la revuelta de las colonias anglosajonas, con el propósito de debilitar al enemigo común allende el Atlántico.

En este contexto emerge la figura de Bernardo de Gálvez, militar nacido en Macharaviaya, en la provincia de Málaga, y miembro de una familia de hidalgos venidos a menos. Su educación quedó bajo la tutela de su tío José de Gálvez, quien logró ascender en la administración colonial e impulsó a su prometedor sobrino a embarcarse hacia América a la edad de diecinueve años. Leonardo Cervera, autor de la novela histórica Gálvez: el héroe español en la independencia de los Estados Unidos (Almuzara, 2024), subraya que su primera encomienda resultaba un cometido casi imposible: pacificar la vasta región de la apachería, un territorio que, en términos de extensión, podría equipararse a la suma de España, Francia y los Países Bajos. Para el novelista, la trayectoria de Gálvez bien podría figurar en un western: «Fue nuestro John Wayne español».

La fama del militar malagueño se consolidó tras su primer cometido. En el marco de la guerra de independencia estadounidense, la administración borbónica determinó respaldar a los rebeldes. Cervera explica que la decisión respondía a una lógica política práctica: «El enemigo de tu enemigo es tu amigo». En consecuencia, Gálvez fue designado gobernador de la Luisiana con la tarea de sostener la causa de George Washington. Su misión secreta consistió en proporcionar asistencia logística a través de los ríos Misisipi y Misuri, asegurando el abastecimiento de municiones, armas, mantas de Zamora y quinina, esenciales para mantener el esfuerzo bélico de los insurgentes. Y lo logró con éxito.
Entre 1779 y 1780, Gálvez obtuvo sendas victorias contra el Imperio británico, que le valieron reconocimiento en la corte. Sin embargo, la acción que lo encumbró en el panorama internacional fue la batalla de Panzacola, cuya denominación se ha visto desplazada por el anglicismo Pensacola. En este enfrentamiento, una ofensiva combinada por mar y tierra debilitó de tal modo a las tropas británicas que estas se vieron forzadas a devolver la Florida a la Monarquía Hispánica, reforzando la moral de los estadounidenses en su lucha por la independencia.

Al año siguiente, en 1781, tuvo lugar la batalla de Yorktown, episodio decisivo en la emancipación de las Trece Colonias. Cervera, tras una década de investigación sobre Gálvez, afirma que este no participó directamente en la contienda, sino que permaneció en la Luisiana asegurando los fondos para financiar la campaña. Cabe recordar que España no reconoció a los Estados Unidos hasta el desenlace de la guerra, a diferencia de Francia, que sí lo hizo. Ambas naciones compartían el propósito de debilitar a Gran Bretaña, con vistas a un posible desembarco franco-español en Jamaica para consolidar su presencia en el Caribe.
Sin embargo, a las pocas décadas, Estados Unidos invadió la mitad del virreinato de la Nueva España y, en 1898, infligió el golpe final a los restos del Imperio español, arrebatándole Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Sobre este giro histórico, Cervera concluye: «Nos deben mucho, tanto en lo moral como en lo económico, pues la deuda de guerra jamás se saldó». De hecho, los estudios recientes han valorado esta cifra, con intereses acumulados, en 12 billones de euros.

En su etapa como gobernador, Bernardo de Gálvez se granjeó el respeto de la población de la Luisiana, asimilando sus costumbres y cultura. Allí contrajo matrimonio con Felicitas de Saint-Maxent, hija de un prominente comerciante local. Posteriormente, fue nombrado virrey de la Nueva España, cargo que desempeñó hasta su prematuro fallecimiento a los 40 años. Algunos historiadores especulan sobre qué habría sido del Imperio español si su talento político hubiera perdurado. Cervera opina que podría haber sido «nuestro Godoy, pero uno bueno e inteligente». Lo cierto es que, pese al olvido nacional, su figura empieza a recibir el reconocimiento que merece como «el héroe español en la independencia de los Estados Unidos».