La velada de los idiotas: un combate a muerte entre neuronas y cuentas bancarias (y ganaron las segundas)

La velada de los idiotas: un combate a muerte entre neuronas y cuentas bancarias (y ganaron las segundas)

Hay eventos que marcan una generación. Woodstock, la caída del Muro de Berlín, el Mundial del 2010… y luego está La Velada del Año 5, también conocida —en círculos más sinceros— como La Velada de los Idiotas. Un aquelarre de testosterona adolescente, ruido sin contenido, épica de cartón piedra y gritos desafinados, que reunió a miles de personas sedientas de golpes… pero no de ideas.

Ibai Llanos, el amo de ceremonias y CEO del espectáculo sin sinapsis, volvió a convocar a su rebaño con el entusiasmo de un profeta digital en pleno éxtasis de monetización. El evento fue seguido en directo por hordas de espectadores, algunos en el recinto, otros desde Twitch, y la mayoría desde un limbo cognitivo donde las letras del reguetón suenan como filosofía profunda.

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Se hizo incluso un conteo simbólico de neuronas presentes entre público y participantes. No fue fácil. Hubo que utilizar telescopios cuánticos, equipos de neurocirujanos en paro y un chamán andino. El resultado: 50 neuronas en total. Cuarenta de ellas, pertenecientes a Ibai, que las guardaba celosamente en una caja fuerte de criptoneuronas junto a su patrimonio, su contrato con Twitch y un vinilo firmado por Bad Bunny.

El resto del personal —influencers de look clónico, aspirantes a luchadores sin técnica ni carisma, y streamers con más filtros que discurso— entraron al ring con guantes pero sin juicio. Sudaban, gritaban y lanzaban puñetazos al aire como si el intelecto fuera el enemigo. Y lo fue. Fue derrotado sin compasión.

El lenguaje tampoco salió bien parado. Se vociferaban “en plan”, “literal”, “bro”, “random”, y otros anglosajonismos que surcaban el aire como meteoritos de vergüenza lingüística. Algunos tan mal pronunciados y escritos que hasta el diccionario de la RAE cerró por depresión ese fin de semana. Hubo tweets que parecían escritos por ardillas con déficit de atención y un máster en faltas de ortografía.

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Pero no todo fue tragedia. Ibai salió fortalecido, más rico, más omnipresente, más divino. Porque si hay algo que queda claro tras La Velada del Año 5, es que la dignidad humana puede tocar fondo, pero el ingreso por publicidad y patrocinio no tiene techo.

Los adolescentes volvieron a casa con los tímpanos reventados, la autoestima mal calibrada y un nuevo referente de éxito: ser famoso sin hacer nada salvo sudar en HD. Y los que lucharon en el ring regresaron con algún hueso dolido pero el ego inflado a likes.

Así fue esta quinta entrega del circo sin leones, la verbena de las ideas en huelga, el TikTok convertido en gala olímpica: La Velada del Año, sí… pero del Apocalipsis cultural.

Nos vemos en la sexta. O no. O en plan sí, bro. Literal.

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