El desnudo clásico del día: Cindy Crawford
Hubo un tiempo en que la fotografía de moda aspiraba a la eternidad y no solo al impacto inmediato, y en ese territorio de luz tallada y elegancia serena, el nombre de Cindy Crawford adquirió la textura de un mito. Su figura, convertida en arquitectura viva ante el objetivo de los grandes fotógrafos de finales del siglo XX, encarnó un tipo de desnudo que no buscaba provocar, sino celebrar la armonía del cuerpo como forma, línea y presencia.
Lejos de la estridencia contemporánea, sus retratos desnudos —a menudo en blanco y negro, bañados por contrastes suaves y encuadres casi escultóricos— dialogaban con la tradición clásica: la piel como superficie de luz, la postura como equilibrio, la mirada como punto de fuga emocional. No era un desnudo narrativo ni explícito, sino simbólico; una evocación de la belleza entendida como proporción y calma, como si el cuerpo fuese una columna antigua que el tiempo todavía no ha logrado erosionar.
Hoy, revisitar esas imágenes es recordar una era en la que el glamour tenía algo de intocable y la sensualidad se sugería con la misma delicadeza con la que un pintor decide dónde dejar caer la sombra. Cindy Crawford no solo posó sin ropa: habitó un ideal estético que convirtió el desnudo en lenguaje visual, en gesto artístico, en memoria cultural que aún conserva su fulgor silencioso.




