El flujo volcánico de Ptazeta al desnudo: más allá del género y la frontera

Ptazeta al desnudo

En el ecosistema del rap actual, donde la saturación de propuestas suele desdibujar las identidades, surge desde las Islas Canarias una figura que no solo camina, sino que galopa sobre los ritmos: Zulema González, conocida universalmente como Ptazeta. Su irrupción no fue un sutil toque a la puerta de la industria, sino un portazo cargado de actitud, rimas afiladas y una autoconfianza que parece emanar directamente del basalto de su tierra natal.

La arquitectura del verso y el deseo

Lo que distingue a Ptazeta de la masa informe de artistas urbanos es su manejo del lenguaje. No se limita a rimar; construye escenas. Sus letras poseen una honestidad brutal que abraza el erotismo con una naturalidad pasmosa. En sus temas, el deseo lésbico no se presenta como un objeto de consumo para la mirada ajena, sino como una vivencia propia, empoderada y vibrante. Hay una belleza cruda en la forma en que describe la atracción, alejándose de los clichés románticos para centrarse en la química, el movimiento y la piel.

Su estilo, a menudo descrito como un flow que no da tregua, se asienta sobre una base técnica impecable. Ptazeta domina el arte de encajar sílabas en espacios imposibles, manteniendo una dicción clara que permite apreciar cada matiz de su acento canario, ese seseo dulce que ella convierte en un arma de precisión.


La alianza con Juacko y el estallido global

Es imposible entender el fenómeno Ptazeta sin mencionar su simbiosis creativa con el productor Juacko. Juntos han diseñado un sonido que es puro músculo sonoro. No es solo trap, no es solo reguetón; es una amalgama de graves profundos y percusiones que invitan al baile más visceral.

El punto de inflexión mediático llegó, inevitablemente, con su colaboración con Bizarrap. En esa Session, Ptazeta demostró que podía sostenerle la mirada al mundo entero. Su entrada en el beat —«Sigo en mi línea, dándole a la música, moviendo línea…»— se convirtió en un mantra de determinación. Sin embargo, reducir su carrera a ese hito sería un error. Antes y después de ese momento, piezas como Mami o sus incursiones más melódicas demuestran una versatilidad que la sitúa como una artista polifacética, capaz de navegar entre la agresividad del rap puro y la sensualidad de los ritmos latinos.

Una estética de vanguardia urbana

Ptazeta también es un icono visual. Su imagen, marcada por tatuajes faciales que subrayan su mirada desafiante y un estilo que juega con la androginia y el streetwear más elevado, rompe con los estándares tradicionales de la «diva» del pop o el urbano. Ella proyecta una autenticidad que resuena con una generación cansada de los filtros excesivos. Su estética es una extensión de su música: directa, sin adornos innecesarios y profundamente moderna.

«Yo no vine a ser una más, vine a que cuando escuches mi voz, sepas que soy yo sin tener que mirar la pantalla.»


El legado en construcción

Desde Las Palmas de Gran Canaria, Ptazeta ha logrado lo que pocos: que el centro de gravedad de la música urbana se desplace, aunque sea por unos minutos, hacia el Atlántico. Su presencia en la escena no solo es necesaria por su innegable talento, sino por la visibilidad que aporta a una forma de amar y de vivir que, hasta hace poco, no encontraba su espacio en los estribillos más escuchados del país.

Es una fuerza de la naturaleza, una rapera que entiende que el arte no es solo técnica, sino también coraje. Y ella, afortunadamente para la cultura, tiene de ambos en cantidades industriales.

Ptazeta al desnudo

Puede que te hayas perdido esta película gratuita