Devon Ross desnuda la elegancia del anacronismo y el peso del linaje
Devon Ross desnuda
En el ecosistema de la moda actual, donde la autenticidad se ha convertido en una moneda de cambio tan valiosa como escasa, la figura de Devon Ross emerge como un enigma fascinante y, para muchos, profundamente divisivo. No es simplemente una «it girl» más en el tablero de las redes sociales; es un síntoma de una industria que se debate entre la herencia del rock clásico y la meritocracia del siglo XXI.
A continuación, exploramos los matices de la trayectoria de esta artista polifacética y las razones por las que su ascenso ha generado tanto fervor como escepticismo.





Devon Ross: la elegancia del anacronismo y el peso del linaje
Hablar de Devon Ross es hablar de una estética que parece rescatada de un club de jazz de los años 50 o de las calles de Londres en plena efervescencia punk. Con su mirada melancólica y su distintivo corte de pelo mullet, Ross no solo camina por las pasarelas de Gucci, Valentino o Louis Vuitton; ella habita una narrativa visual que evoca a figuras icónicas como Patti Smith o Joan Jett. Sin embargo, detrás de esa fachada de rebeldía orgánica, subyace el eterno debate que persigue a las nuevas generaciones de creativos: el estatus de las «nepo babies».
La controversia de la cuna de oro y el talento heredado
La principal fricción en torno a Devon Ross nace de su genealogía. Hija de Craig Ross, el legendario guitarrista de Lenny Kravitz, y de la modelo de los noventa Anna Bauer, Devon creció en un entorno donde la alta cultura y el rock and roll eran el pan de cada día. Para sus críticos, su ascenso meteórico en la moda y su incursión en la actuación —con un papel destacado en la serie Irma Vep de HBO— son el resultado directo de sus conexiones familiares.+1
La polémica no reside en una falta de capacidad —Ross ha demostrado una versatilidad notable como actriz y música—, sino en la «facilidad» con la que las puertas de las casas de lujo se abren para quienes ya poseen un apellido ilustre. En un mundo que clama por la igualdad de oportunidades, Devon Ross se convierte, a menudo de forma involuntaria, en el pararrayos de una frustración colectiva contra el privilegio sistémico.+1
El arte como defensa: entre guitarras y cámaras
Frente a estas acusaciones, Devon ha optado por un silencio productivo, dejando que su trabajo hable por ella. Su EP debut, Oxford Gardens, producido bajo el ala del sello de Thurston Moore (Sonic Youth), es una declaración de intenciones. No es un pop comercial diseñado para las masas, sino una amalgama de guitarras distorsionadas y sonidos lo-fi que sugieren una verdadera pasión por la música que su padre ayudó a definir.
La paradoja de Devon Ross radica en que, aunque su origen es elitista, su sensibilidad artística parece genuinamente atraída por lo marginal y lo experimental. Es esta contradicción la que alimenta su mística:
- La modelo: Una percha perfecta para la vanguardia, capaz de dotar de alma a prendas que en otros cuerpos parecerían disfraces.
- La actriz: Una presencia naturalista que evita el histrionismo en favor de una contención magnética.
- La música: Una heredera que, en lugar de imitar el éxito comercial de sus predecesores, prefiere explorar los márgenes del sonido independiente.
Un icono para una era de contrastes
En definitiva, la «polémica» Devon Ross es, en realidad, el reflejo de nuestras propias tensiones culturales. Nos fascina su estilo impecable y su capacidad para encarnar el espíritu de décadas pasadas, pero nos incomoda que ese acceso a la belleza y al arte parezca ser un derecho de nacimiento.
Ella representa una nueva estirpe de bohemia: una que no pasa hambre en los áticos de Nueva York, sino que viaja en primera clase a los desfiles de París, pero que, a pesar de todo, logra capturar un fragmento de verdad en cada una de sus interpretaciones. Devon Ross no pide perdón por su origen, pero parece decidida a demostrar que, más allá del apellido, hay una artista buscando su propia luz entre las sombras de la fama.



