Florentino Pérez y las ratas que temían al espejo
La redacción hierve: teclados que chirrían, titulares recién roídos y montañas de papel manchado de tinta. Decenas de ratas periodistas corretean entre mesas mientras el director, con el teléfono clavado en la oreja, irrumpe indignado: «¡Chicos, Florentino Pérez nos ha llamado ratas… vaya manera de mentir!». Se hace un silencio incómodo. Nadie mira sus patas manchadas. Nadie revisa los titulares mordidos de ayer. Nadie recuerda las noticias falsas que hoy yacen, ya desmentidas, en la papelera.
En el reino de las ratas, la verdad nunca ha sido el alimento: apenas un estorbo. Y así, ofendidas en nombre de la libertad de prensa, chillan al unísono. No porque las hayan insultado, sino porque alguien, por una vez, ha encendido la luz dentro del periódico. Allí donde durante años confundieron impunidad con independencia, y el ruido con periodismo. Mientras tanto, Real Madrid sigue siendo la noticia; ellas, simplemente, siguen siendo ratas.
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