Menos mal que Stallone ganó la batalla

Por qué el Rambo que sobrevivió es hoy una pieza irrepetible del cine de acción

Durante años se ha repetido, casi como un mantra cinéfilo de sobremesa, que fue una lástima que el guion “serio”, introspectivo y psicológicamente atormentado de James Cameron para Rambo: Acorralado Parte II no llegara a materializarse. Que el cine perdió una gran película sobre el trauma de Vietnam. Que Stallone, con su reescritura musculada y explosiva, arrasó con una obra menos profunda y adulta.

Pero quizá convenga detenerse un segundo, limpiar el polvo del tópico y formular la pregunta incómoda:
¿y si fue, en realidad, una bendición?

s-l1600-1024x691 Menos mal que Stallone ganó la batalla

Porque películas serias sobre Vietnam hay muchas. Excelentes, incluso. Desde El cazador hasta Platoon, pasando por Apocalypse Now o Nacido el cuatro de julio. El cine estadounidense ha explorado hasta el agotamiento la culpa, la herida moral y el eco psicológico de aquella guerra imposible de ganar. Lo ha hecho con talento, con solemnidad y con una gravedad que roza lo litúrgico.

Películas de acción puras, iconográficas, radicales y mitológicas como Rambo: Acorralado Parte II, en cambio, hay muy pocas.

GbQNGhDWIAARpFa-678x1024 Menos mal que Stallone ganó la batalla

El error habría sido convertir a Rambo en uno más

El guion de Cameron, según él mismo ha explicado, se adentraba en la psique de John Rambo, lo situaba en hospitales de veteranos, analizaba su trauma y otorgaba un trasfondo humano a los prisioneros de guerra. Era un enfoque legítimo, incluso admirable. Pero también era, seamos honestos, un camino ya transitado.

De haberse rodado esa versión, Rambo habría quedado diluido en el gran río del cine serio sobre Vietnam. Habría sido una buena película. Quizá muy buena. Pero no única.

La reescritura de Stallone, en cambio, entendió algo esencial:
Rambo no debía ser un caso clínico, sino un símbolo.

rambo-first-blood-part-ii-lobby-card-3-1024x809 Menos mal que Stallone ganó la batalla

No un hombre roto que reflexiona, sino un cuerpo en tensión permanente contra un sistema que lo utilizó y luego lo olvidó. Stallone convierte a Rambo en una figura casi mitológica, un guerrero abandonado por su propio país, lanzado de nuevo al infierno no para sanar, sino para ajustar cuentas con la Historia a base de flechas explosivas.

Y ahí está la clave.

El cine de acción como lenguaje político primitivo

Rambo: Acorralado Parte II no reflexiona: acusa. No analiza: ruge. No disecciona el trauma: lo convierte en espectáculo físico. Y precisamente por eso funciona como artefacto cultural. Porque canaliza una frustración colectiva en forma de acción desatada, porque traduce el fracaso político en fantasía de victoria individual.

rambo-movie-true-story-sylvester-stallone-first-blood-part-2-021925-337d230c41264bb8bc7f04ed198afb97-1024x683 Menos mal que Stallone ganó la batalla

Stallone entendió que el cine de acción también piensa, solo que lo hace con el cuerpo. Que una ametralladora puede ser un discurso. Que una explosión puede ser una frase subrayada tres veces.

Cameron, cineasta brillante y obsesivo, acabó reutilizando muchas de esas ideas psicológicas en Aliens, donde encajaban de forma natural. Allí, el trauma sí necesitaba pausa, mirada interior y miedo persistente. Rambo, no.

Rambo necesitaba selva, sudor, barro y silencio roto por disparos.

Una obra irrepetible, no un drama correcto

Hoy, Rambo: Acorralado Parte II es una obra clave del cine de acción. No por su sutileza —que no la tiene— sino por su pureza. Por su capacidad de sintetizar una época, una ideología y una estética sin pedir perdón. Es cine que no duda, que no se explica, que avanza a machetazos.

rambo-first-blood-part-ii-mondo-print-by-tomer-hanuka-173-225-ex-24x36-in-2015-george-p-cosmatos-sylvester-stallone-1024x1024 Menos mal que Stallone ganó la batalla

De haber prevalecido el guion de Cameron, tendríamos otra película “importante” sobre Vietnam. Correcta. Respetable. Quizá incluso olvidable entre tantas.

Gracias a Stallone, en cambio, tenemos algo mucho más raro:
una pieza única, excesiva, imperfecta y absolutamente icónica.

A veces, el cine no necesita ser más profundo.
Necesita ser más verdadero consigo mismo.

Puede que te hayas perdido esta película gratuita