El visitante interestelar o el misterio cósmico de 3I/ATLAS según Avi Loeb

El cometa 3I/ATLAS y el fulgor secreto de sus volcanes de hielo

El recién llegado 3I/ATLAS, viajero errante nacido bajo la luz de otra estrella, avanza hacia su máximo acercamiento a la Tierra mientras desvela un misterio que parece escrito con tinta de otro cosmos: bajo su corteza helada laten volcanes de hielo que exhalan chorros de gas y polvo como suspiros antiguos, señales inequívocas de una vida geológica silenciosa y sorprendente.

Descubierto en julio, este cometa interestelar irrumpió en nuestro vecindario con la delicadeza devastadora de aquello que no esperamos. Lo que parecía un fósil intacto, una de esas reliquias que vagan sin memoria por la negrura, resultó tener un corazón dinámico, capaz de despertar cuando la luz solar acaricia sus capas exteriores.

Las observaciones del Telescopio Joan Oró del Montsec lo cambiaron todo. Las imágenes mostraron columnas de materia emergiendo desde el interior, como si un soplo subterráneo quisiera revelarnos la arquitectura íntima de un cuerpo nacido en las regiones más remotas de otra estrella. Los chorros, visibles desde la Tierra, dibujaban líneas de luz en un silencio que parecía milenario.

A medida que el cometa avanzaba hacia su perihelio —el 29 de octubre—, cada jornada ofrecía una revelación nueva. El hielo atrapado durante eones empezaba a sublimar, encendiendo una pirotecnia helada que escapaba a través de grietas profundas, como si el propio cometa respirara tras un sueño demasiado largo. Y lo hacía con una intensidad y una estructura que recordaban más a los criovolcanes de mundos transneptunianos que a la actividad superficial típica de un cometa.

Los estudios revelaron que este estallido de vida se producía cuando el calor solar alcanzaba el umbral que transformaba el dióxido de carbono sólido en gas. La presión generada en cavidades internas empujaba líquidos reactivos hacia regiones ricas en hierro, níquel y sulfuros, desencadenando una danza química que expulsaba material al espacio. Así, el enigma de su interior comenzaba a despejarse: 3I/ATLAS no es un cuerpo muerto, sino un organismo mineral guiado por energías que creíamos reservadas a mundos más cálidos.

La espectroscopia reforzó esta intuición. Su composición parecía gemela a la de antiguas condritas carbonáceas recuperadas en la Antártida y a fragmentos de objetos formados más allá de Neptuno. Una coincidencia que dejó atónitos a los investigadores: un cometa nacido alrededor de otra estrella compartiendo la química elemental de los cuerpos fríos de nuestro propio confín. Como si en la galaxia existiera una receta secreta, repetida en muchos fogones estelares.

Con apenas dos visitantes interestelares registrados antes que él, 3I/ATLAS se convirtió en una cápsula del tiempo que viaja sin intención de detenerse. Su edad podría ser mayor que la de nuestro propio Sistema Solar, lo que permitiría asomarse a procesos que aquí se perdieron para siempre. Su paso es, por tanto, un regalo fugaz: el año próximo seguirá su trayectoria hiperbólica hacia la eternidad.

Y como toda visita extraordinaria, también provocó rumores fantasiosos. Algunos quisieron ver en él una nave extraterrestre; sin embargo, los cálculos de su velocidad —más de 221.000 kilómetros por hora— y de su órbita demostraron que se trata de un cometa expulsado de su sistema, sin más artificio que el de la naturaleza interestelar.

Su masa, estimada en más de 660 millones de toneladas, y su capacidad para retener calor interno confirman que posee la energía suficiente para alimentar sus criovolcanes. A pesar de las cicatrices que milenios de radiación cósmica han dejado en su superficie, su interior sigue guardando un material prístino, intacto, listo para contarnos historias de los primeros compuestos complejos que surgieron alrededor de estrellas desconocidas.

El telescopio Joan Oró capturó el instante en que el brillo del cometa aumentó de forma abrupta al acercarse a unos 378 millones de kilómetros del Sol. Esa llamarada luminosa fue el gesto inequívoco de un mundo que despierta. Las secuencias obtenidas, coordinadas con otros observatorios catalanes, permitieron reconstruir la coreografía exacta de su resurrección.

Este descubrimiento no solo ilumina el alma secreta de 3I/ATLAS; también obliga a reescribir la forma en que planificamos la observación de futuros visitantes interestelares. Si los criovolcanes son más comunes de lo que imaginamos, necesitaremos instrumentos capaces de detectar susurros químicos, partículas fugitivas, sutiles latidos de mundos remotos.

La danza de 3I/ATLAS nos deja una lección que parece salida de un poema cósmico: incluso los cuerpos más silenciosos pueden guardar tempestades interiores. Y cuando un viajero nacido más allá de nuestro Sol estalla en luz frente a nosotros, comprendemos que la diversidad de los mundos no conoce límites. Cada visitante interestelar es, quizás, un pequeño evangelio estelar que reescribe nuestra comprensión del origen y destino de los planetas.

El 19 de diciembre de 2025 pasará a unos 270 millones de kilómetros de la Tierra y seguirá su viaje sin mirar atrás. Pero su breve visita nos recordará para siempre que el universo aún guarda millones de secretos, y que basta un cometa con volcanes de hielo para abrir una ventana hacia otros soles.

HISTORIA

Durante un breve instante, en octubre de 2025, un objeto nacido en los confines del espacio interestelar atravesó nuestro sistema solar dejando tras de sí un rastro sutil pero detectable: una señal en la radiofrecuencia, captada mientras se deslizaba cerca del Sol. El protagonista de esta historia cósmica es 3I/ATLAS, el tercer cuerpo identificado con trayectoria claramente interestelar tras 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov. Pero a diferencia de sus predecesores, 3I/ATLAS ha ofrecido algo inédito: una señal de radio registrada con claridad, que apunta a una envoltura rica en gases volátiles.

La detección, reportada por un equipo internacional liderado por astrónomos en Sudáfrica y Suecia, se produjo el 24 de octubre gracias a la sensibilidad del radiotelescopio MeerKAT. La señal en cuestión corresponde a líneas de absorción en las frecuencias de 1665 y 1667 MHz, características del radical OH, un subproducto común del agua en cometas.

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La observación se realizó con el objeto apenas a 3,76 grados del Sol, en una configuración especialmente arriesgada por la interferencia solar y la geometría de visión desde la Tierra. Esta detección no es trivial. Los intentos previos, realizados en septiembre del mismo año, no habían logrado captar ninguna señal.

Pero en octubre, justo antes del perihelio (el punto de máximo acercamiento al Sol, que 3I/ATLAS alcanzó el 29 de ese mes), el OH comenzó a absorber parte de la radiación de fondo, dejando su impronta en el espectro captado por MeerKAT. Los datos muestran un corrimiento Doppler de las líneas, exactamente en la dirección y magnitud esperadas para un objeto desplazándose a más de 68 kilómetros por segundo respecto al Sol.

Los resultados revelan que el OH se detectó con una señal clara, aunque tenue: los picos de absorción no solo confirman la presencia de vapor de agua en su coma (la envoltura gaseosa que rodea al núcleo), sino que sitúa a 3I/ATLAS firmemente dentro del comportamiento típico de cometas activos, a pesar de su procedencia galáctica.

No es un objeto artificial
Aunque ha habido cierta expectación pública ante la posibilidad de que este tipo de objetos puedan tener un origen artificial o insólito (una narrativa que ganó fuerza con ‘Oumuamua y su forma alargada y su comportamiento no gravitacional), los datos reunidos hasta ahora para 3I/ATLAS pintan un cuadro más convencional.

Las observaciones del telescopio espacial Hubble y del James Webb revelan una coma moderada, una cola orientada en dirección antisolar y una producción controlada de gases como cianuro de hidrógeno, que encajan con las propiedades físicas esperadas de un cometa helado.

Este cuerpo, detectado por primera vez el 1 de julio de 2025, ha sido objeto de un seguimiento exhaustivo desde múltiples observatorios terrestres y espaciales. A medida que se alejaba del Sol tras el perihelio, las condiciones para nuevas observaciones mejoraban progresivamente, ofreciendo nuevas ventanas para explorar su composición mediante diferentes técnicas espectroscópicas, incluida la radioastronomía de baja frecuencia.

La detección de líneas OH abre la puerta a nuevas campañas que podrían estudiar no solo su actividad, sino la interacción de su coma con el entorno solar y su respuesta a la radiación y al viento solar.

Más allá del valor técnico de la observación, esta detección representa un cambio de paradigma: por primera vez, un objeto interestelar no solo ha sido captado ópticamente, sino que también ha dejado un rastro radioeléctrico inequívoco, el tipo de señal que permite a los astrónomos investigar los procesos químicos activos en tiempo real. Esta huella radioeléctrica no solo confirma su condición de cometa activo, sino que inaugura una nueva forma de estudiar cuerpos errantes provenientes de otras estrellas.

Michael Kueppers, astrofísico de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), habla para aclarar la naturaleza del cometa y explicar por qué las agencias espaciales han lanzado un programa de observación para rastrear únicamente a 3I/ATLAS.

Pregunta: ¿Qué es el 3I/ATLAS?

Respuesta: Es un cometa que viene de otro sistema estelar, viene de otra estrella. Es el tercero que descubrimos. El primero, el 1I/ʻOumuamua, se parecía más a un asteroide, pero el segundo, el 2I/Borisov, fue más parecido a ATLAS.

P: ¿Qué diferencia hay entre un cometa y un asteroide?

R: Un cometa, en este caso el ATLAS, se ha formado fuera de nuestro sistema y viene en trayectorias elípticas, a veces parabólicas, y es una mezcla de hielo y polvo, que cuando se acerca al Sol, evapora el hielo y se forma una cola, que siempre apunta en dirección contraria al Sol por efecto del viento solar. Un asteroide es un objeto inerte, y la mayoría está en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, en órbitas más o menos circulares.

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P: ¿Qué tiene de diferente el ATLAS con los otros dos objetos interestelares encontrados?

R: Este es un cometa activo, no como el Oumuamua, al que nunca le hemos detectado alguna actividad de manera directa. En comparación con Borisov, es más parecido, llega más cerca al Sol, es más activo y tenemos más opciones de estudiarlo; pero este llega con una velocidad más grande y una excentricidad de 6, que quiere decir que pasa casi en línea recta. La interpretación de esto es que lleva mucho tiempo en el espacio, que ATLAS es muy viejo, y que lleva viajando miles de millones de años, la edad del sistema solar. Este tipo de cometas son una oportunidad única para investigar de cerca cómo son las condiciones de otros sistemas.

Utilizando su cámara de alta resolución, Tianwen-1, el orbitador de la misión china a Marte, ha observado con éxito el objeto interestelar codificado como 3I/ATLAS, según informó la Administración Nacional del Espacio de China.

Esta es una de las observaciones más cercanas que una sonda logra de este objeto interestelar, pues el vehículo espacial se encontraba a unos 30 millones de kilómetros de distancia del mismo.

Los datos recibidos y procesados por el sistema de aplicación terrestre evidencian claras características cometarias. Los investigadores crearon una animación a partir de una serie de imágenes tomadas durante 30 segundos, la cual muestra el movimiento a través del espacio del 3I/ATLAS, del cual se están realizando ahora estudios científicos adicionales a partir de lo captado por el orbitador marciano.

Esta exitosa observación representa una importante extensión de la misión de Tianwen-1. La detección de un cuerpo celeste tan tenue sirve como una valiosa prueba técnica para la misión china Tianwen-2, lanzada en mayo y cuyo objetivo es recoger muestras de un asteroide cercano a la Tierra y explorar un cometa en el cinturón principal de asteroides, entre Marte y Júpiter, explicó la administración.

💫 Últimas Noticias y Opiniones sobre el Cometa Interestelar 3I/ATLAS (Fuentes de EE. UU.)

El cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado que transita por nuestro sistema solar, continúa siendo un punto de intensa investigación y debate, especialmente en la comunidad científica norteamericana. Descubierto en julio de 2025 por el sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) financiado por la NASA, el objeto ha presentado características y un comportamiento inesperados.


🧐 Características Sorprendentes y Actividad Reciente

Las últimas observaciones indican que el 3I/ATLAS es un objeto fascinante, y posiblemente muy antiguo:

  • Composición Inusual: Los científicos han detectado una alta abundancia de níquel y dióxido de carbono en el material que emana del cometa. A diferencia de los cometas del sistema solar, el 3I/ATLAS ha mostrado níquel sin hierro detectable, y una proporción de dióxido de carbono a agua mucho mayor de lo habitual. Este perfil químico es un «regalo» cósmico, ya que proporciona una visión de la composición de otro sistema estelar.
  • Brillo Inesperado: El cometa ha experimentado un rápido y notable aumento de brillo a medida que se acercaba al Sol, una velocidad que supera la de la mayoría de los cometas de la Nube de Oort. La causa de este fenómeno sigue sin estar clara para los científicos.
  • Máximo Acercamiento al Sol: El cometa realizó su máximo acercamiento al Sol (perihelio) el 30 de octubre de 2025, justo dentro de la órbita de Marte. Después de quedar oculto por el brillo solar, se espera que reaparezca en diciembre de 2025, volviéndose visible para los telescopios en el hemisferio norte.
  • Antigüedad Potencial: Se estima que el 3I/ATLAS podría tener hasta 7 mil millones de años, lo que lo convertiría en un vestigio primordial potencialmente más antiguo que nuestro propio sistema solar.
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👽 Opiniones y Debate: ¿Tecnología Extraterrestre?

El comportamiento inusual del 3I/ATLAS ha reavivado el debate sobre la posibilidad de que no sea un simple cometa, sino un artefacto de origen tecnológico, una especulación que ha ganado especial tracción en los medios estadounidenses:

  • La Hipótesis de Avi Loeb: El astrofísico de Harvard, Avi Loeb, ha sido la voz más prominente en sugerir que el 3I/ATLAS podría exhibir signos de control por una inteligencia desconocida, similar a sus comentarios anteriores sobre ‘Oumuamua. Loeb ha señalado la aceleración no gravitacional del objeto y su trayectoria como posibles anomalías. Ha llamado al perihelio una «prueba de fuego» para ver si el objeto emerge con una trayectoria modificada de forma antinatural, lo que sugeriría un motor.
  • Escepticismo Mayoritario: La mayoría de los astrónomos han desestimado la idea de un origen artificial, enfatizando que las observaciones del cometa—incluida la liberación de gas y polvo que forma su coma y cola—son consistentes con el comportamiento natural de un cometa, aunque sea uno con una composición única. La comunidad científica en general insiste en que las extrañezas de 3I/ATLAS reflejan las diferencias químicas y físicas de un objeto formado en otro sistema estelar, y no tecnología alienígena.
  • Falsa Alarma de Señales: Recientemente, circularon en redes sociales afirmaciones virales, no confirmadas por ninguna agencia científica o instalación SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), sobre la detección de una «secuencia de pulsos Fibonacci» proveniente del 3I/ATLAS. Científicos en EE. UU. y otros lugares han desmentido categóricamente esta afirmación, señalando que no hay datos verificados que respalden la existencia de tal transmisión.

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🛡️ Implicaciones para la Defensa Planetaria y la Ciencia

Aunque la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han confirmado que el 3I/ATLAS no representa ninguna amenaza para la Tierra (su máxima aproximación a la Tierra fue a una distancia segura de aproximadamente 274 millones de kilómetros), su estudio tiene implicaciones importantes:

  • Capacitación Operacional: La aproximación del cometa ha activado una campaña global de observación. Un grupo respaldado por la ONU y coordinado por la NASA, enfocado en la defensa planetaria, está utilizando el 3I/ATLAS como campo de entrenamiento para refinar los métodos de medición astrométrica y seguimiento de objetos cercanos a la Tierra.
  • Oportunidad Científica: Su naturaleza interestelar lo convierte en una cápsula del tiempo cósmica. Las sondas cercanas, incluidas las de Marte y la nave Juno cerca de Júpiter, están siendo utilizadas para intentar recopilar datos detallados de su composición, proporcionando una oportunidad única para estudiar materiales formados en los inicios de una estrella diferente.

La continua vigilancia del 3I/ATLAS, mientras se aleja del Sol en los próximos meses, es crucial para desentrañar sus misterios.

¿Un visitante interestelar… o una sonda disfrazada? El misterio cósmico de 3I/ATLAS según Avi Loeb

A veces la ciencia se asoma al abismo y lo que devuelve la mirada no es un asteroide, sino una pregunta inquietante: ¿y si no están solos? El físico teórico Avi Loeb, eterno azote de las mentes cómodas y director del Proyecto Galileo en Harvard, vuelve a lanzar una piedra —o quizá una nave— contra el techo de cristal del pensamiento científico tradicional. Esta vez, el proyectil tiene nombre propio: 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar jamás observado por la humanidad… y, según Loeb, posiblemente el más sospechoso.

Detectado el 1 de julio de 2025, 3I/ATLAS apareció a 4,5 unidades astronómicas, brillando como si quisiera llamar la atención. Demasiado brillante, en realidad, para tratarse de un simple visitante cósmico. Según los cálculos, tendría un diámetro de 20 kilómetros: el doble del asteroide que borró del mapa a los dinosaurios. Y sin embargo, ningún registro astronómico había detectado antes algo así. Loeb no tardó en levantar la ceja.

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Entre la lógica estadística y la lógica de Clarke

Según los modelos estadísticos, deberíamos haber visto un millón de pequeños Oumuamuas antes de toparnos con algo tan grande como 3I/ATLAS. Y sin embargo, aquí está: enorme, brillante, y sin ninguna de las señales espectrales que se esperarían de un cometa. Lo que sí muestra es un enrojecimiento peculiar, como el de los objetos del Cinturón de Kuiper, cargados de tolinas, esos compuestos orgánicos que el cosmos cuece a fuego lento con rayos cósmicos y paciencia milenaria.

Pero no hay coma cometaria, ni gases, ni rastros moleculares. El objeto, al parecer, no parece natural.

Entonces Loeb plantea la hipótesis que incomoda a los guardianes del templo: ¿y si 3I/ATLAS no es un cuerpo natural? ¿Y si ha sido enviado deliberadamente hacia el sistema solar interior? ¿Y si estamos ante una sonda —o un mensaje— disfrazado de asteroide, como en Encuentro con Rama, la novela de Arthur C. Clarke que imaginó una nave cilíndrica de tamaño casi idéntico entrando en nuestra vecindad estelar?

Una visita que llega en mal momento… y en el ángulo ciego

Como si de una broma cósmica se tratase, el paso más cercano de 3I/ATLAS al Sol se producirá el 29 de octubre de 2025… justo cuando la Tierra esté en el otro lado del astro rey. Una observación óptima desde tierra será imposible. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? ¿O un guiño calculado de quien no quiere ser observado demasiado de cerca?

Loeb cree que los grandes telescopios —el Rubin en Chile, y los telescopios espaciales Hubble y James Webb— podrán arrojar luz sobre la verdadera naturaleza del objeto. Pero no esconde su irritación: cuando se descubrió el objeto, Wikipedia omitió toda referencia a las anomalías, a pesar de conocer su artículo. La razón: no estaba aún publicado en una revista revisada por pares. Porque al parecer, en el siglo XXI todavía hay que pedirle permiso al clero editorial para señalar que el cielo se mueve de forma extraña.

¿Ciencia o dogma?

Para Loeb, lo escandaloso no es el objeto: es la censura blanda que recubre la ciencia actual. Esa que prefiere callar una anomalía antes que enfrentarse a ella. “Ocultar lo que no entendemos no es ciencia”, afirma, “es superstición con bata blanca”. Y remata con su ya célebre comparación: Galileo fue arrestado por mirar a Júpiter; ahora, parecería que uno puede ser “cancelado” por mirar demasiado de cerca a un asteroide que no encaja.

El mensaje es claro: el universo no tiene la obligación de seguir nuestras expectativas. Y tal vez 3I/ATLAS sea solo una roca rara. O tal vez sea algo más. Un espejo. Una sonda. Una advertencia. O un guiño de inteligencia ajena que quiere ver cómo reaccionamos.

Y si lo ignoramos por soberbia, por miedo o por puro protocolo… entonces, sí: nos merecemos seguir siendo ignorantes.

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