Samantha Gradoville al desnudo para Passionatte

Samantha Gradoville: la esencia de la seducción al natural

Hay modelos que no solo llevan la ropa; la habitan. Y luego está Samantha Gradoville, quien posee la extraña habilidad de hacer que la piel desnuda o apenas cubierta parezca el traje de alta costura más exclusivo del mundo. En esta edición para Passionatte, desnudamos no solo la imagen, sino el alma de una de las musas más magnéticas de la industria.

Más allá de la piel

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Cuando Samantha entra en una habitación, la temperatura cambia. No es solo por su físico escultural, perfeccionado tras años en las pasarelas de París y Milán, sino por una confianza que desarma. Posar «al desnudo» o en lencería fina requiere algo más que belleza; requiere una comodidad absoluta con la propia vulnerabilidad.

Para Gradoville, la desnudez no es un acto de provocación gratuita, sino una declaración de libertad. Frente a la lente, ella elimina lo superfluo. Lo que queda es una mirada penetrante y una arquitectura corporal que celebra la forma femenina en su estado más puro.

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El arte de sugerir

En el mundo de la lencería, la línea entre lo vulgar y lo sublime es fina. Samantha camina por esa cuerda floja con la elegancia de una bailarina. Ya sea envuelta en encajes negros de Passionata o en sedas traslúcidas que dejan poco a la imaginación, ella entiende que el verdadero erotismo reside en el misterio.

«La lencería es la primera capa, es lo que toca tu piel y define cómo te sientes el resto del día», parece susurrar cada una de sus fotografías. En esta sesión, apostamos por el minimalismo: luz natural, texturas suaves y una Samantha que se muestra tal cual es, sin artificios. Es un regreso a lo básico, donde la piel se convierte en la protagonista absoluta.

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Una belleza atemporal

Lo que hace que Gradoville sea perfecta para el espíritu de Passionatte es su atemporalidad. Tiene el aura de las supermodelos de los noventa mezclada con la frescura moderna. No necesita estridencias. Al despojarla de los grandes vestidos de gala y dejarla «al desnudo», descubrimos que su mayor accesorio es su actitud.

Samantha Gradoville nos recuerda que la sensualidad no se trata de lo que muestras, sino de la historia que cuentas con tu cuerpo. Y en esta historia, ella es la autora indiscutible.

Samantha Gradoville es una joven modelo americana nacida en 1990 en el Estado de Nebraska. Con 19 años, viajó a Paris para desfilar en el show de Vivienne Westwood consiguiendo un contrato en la agencia IMG, que le abrió las puertas a otros desfiles en Nueva York y Londres.

Un año más tarde, tras participar en los shows de Peter Som e Yves Saint Laurent, entre otros; firmó un contrato para convertirse en el rostro de la firma American Eagle. Después de eso, Prada

la escogió para abrir y cerrar su show en Milán; una señal inequívoca de que la carrera de esta joven despegaba. Dos años después de comenzar su carrera como modelo, Samantha ya encabeza los top 10 de las newcomers o new faces; modelos que llegan con fuerza en el panorama de la moda para quedarse. Y ella lo ha hecho participando ininterrumpidamente en los desfiles de las principales Fashion Weeks y en la pasada edición de la Alta Costura, por primera vez.

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