Crítica de ‘Megalópolis’ | El gran monumento al cine actual y a su idiotez contemporánea

Crítica de ‘Megalópolis’ | El gran monumento al cine actual y a su idiotez contemporánea

«Megalópolis» trasciende las convenciones críticas y las opiniones globales para sumergirse en el individuo y su mundo interior, explorando la soledad en todas sus formas. La última creación de Coppola es una obra que desafía el análisis y la interpretación en una primera o incluso segunda visualización. Si alguna vez hubo una obra que se acercara a la visión concebida por Kubrick en ‘2001’, es esta creación gestada por Coppola en 2024.

Indudablemente, esta película representa una oportunidad única para críticos y entusiastas del cine de mostrar su capacidad de discernimiento, pero en «Megalópolis» es el director quien lleva a cabo la disertación. Coppola ha apostado todo por crear su obra final, o al menos su magnum opus. Proveniente del creador de obras maestras como «Apocalypse Now» o «El Padrino», esta producción se eleva hasta alcanzar la cúspide del arte cinematográfico, en la misma categoría que obras como ‘2001’ o ‘Cleopatra’, películas que trascienden lo común y lo mundano.

En «Megalópolis», Coppola retoma la idea de crear un nuevo mundo, similar a la visión de Cleopatra en la película homónima, instando a César a realizar lo que el gran Alejandro no pudo: unificar a todos en un nuevo mundo eterno. Kubrick también exploró esta idea de un nuevo ser más allá de las estrellas, y Coppola regresa a esta misma noción, la de forjar un mundo perfecto donde la humanidad pueda vivir de manera diferente a como lo ha hecho hasta ahora. Sin embargo, ¿funciona esta visión en términos cinematográficos? Esta pregunta queda sin respuesta, al igual que ocurrió con ‘Cleopatra’ o ‘2001’ en su momento.

Lo que sí se puede afirmar es que «Megalópolis» es una estructura cinematográfica monumental e irrepetible, una película que marca un hito en el arte del cine. Desde el punto de vista visual y de producción, es un logro imponente, una fusión de «Corazonada» y «Apocalypse Now» del siglo XXI. Es un lugar al que se entra para dejarse llevar, un lienzo tridimensional en movimiento que amalgama arquitectura, escultura, pintura, cine, sonido y música de manera magistral. Sin embargo, ¿qué hay de la historia que narra? Esta reside en la visión única de Coppola, y la forma en que el director la presenta, con el tiempo que le otorga a cada secuencia para transmitir su mensaje.

¿Es este mensaje bueno o malo? Eso queda a discreción del creador y del espectador. La emoción que provoca la película también es subjetiva y depende de la disposición del espectador y el contexto en el que se encuentre. «Megalópolis» va más allá de las opiniones instantáneas o las tendencias populares; ha llegado para perdurar más allá del efímero mundo del cine contemporáneo, destinada a ser incomprendida y menospreciada en su época, pero adorada en las décadas venideras.

Coppola regresa a su faceta más introspectiva y fría con «Megalópolis», ubicándola en la línea de «La Ley de la Calle» y «Apocalypse Now», en contraposición a «El Padrino» o «Peggy Sue». Es en este espacio frío de la narrativa donde la calidez de la imagen y la música de la película encajan perfectamente, creando una obra monumental que debería ser preservada para ser apreciada en el futuro. «Megalópolis» es un monumento indeleble en la historia del cine, un Göbekli Tepe indescifrable, un tesoro que debería ser redescubierto mucho tiempo después de su creación para ser admirado como se merece.

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