Forza Horizon 6 y la jugada imposible de la monetización desesperada
La llegada de Forza Horizon 6 debería haber sido una celebración. Un nuevo episodio de una de las sagas más refinadas del catálogo Xbox, un escaparate técnico y artístico pensado para recordar por qué el automóvil virtual sigue siendo un territorio de placer visual. Sin embargo, la conversación no gira en torno a su mapa, su diseño o su músculo gráfico, sino alrededor de algo mucho más incómodo: el precio. O, mejor dicho, la falta de pudor.
Lo que aflora con Forza Horizon 6 no es un simple desacuerdo comercial, sino el síntoma visible de una estrategia agotada. Microsoft lleva años apostándolo todo a Game Pass, sacrificando la venta tradicional de videojuegos —propios y ajenos— en su propia tienda. El resultado es un ecosistema donde nadie compra, donde el valor percibido del juego individual se ha diluido hasta convertirse en un archivo intercambiable, y donde ahora, asfixiada por su propio modelo, la división Xbox trata de recuperar oxígeno a cualquier precio.
Y ese precio, literalmente, ha dejado de ser razonable.

El llamado Premium Upgrade Bundle cuesta 59,99 euros. No incluye el juego. No otorga propiedad. No es una edición de lujo tangible. Es, sencillamente, el peaje que se exige al usuario de Game Pass para acceder a lo que antes se entendía como una experiencia completa. La cifra roza peligrosamente los 69,99 euros que cuesta adquirir el juego estándar, ese mismo juego que, paradójicamente, Microsoft ha enseñado a no comprar.
La comparación es obscena por su claridad: pagar casi lo mismo por no poseer nada.
Este movimiento no nace del capricho, sino de la necesidad. Tras años debilitando su propio mercado interno, y después del gasto descomunal que supuso la compra de Activision Blizzard —una operación que todavía no ha demostrado ser rentable—, Xbox parece haber entrado en una fase de monetización nerviosa. Pases de temporada, accesos anticipados, ediciones premium y “mejoras” de pago se multiplican como parches mal cosidos, intentando extraer ingresos donde antes solo había suscripción.
La ironía es cruel: Game Pass, concebido como la gran revolución del consumo digital, se ha convertido en el principal obstáculo para la rentabilidad de sus propios lanzamientos. El usuario ya no compra juegos; espera. Y cuando se le pide que pague, se le pide hacerlo por fragmentos, por adelantado y sin propiedad alguna.
Forza Horizon 6 no es el problema. Es la víctima. Un título utilizado como laboratorio para comprobar hasta dónde puede estirarse la paciencia del jugador fiel, ese que paga mensualmente, que sostiene el ecosistema y que ahora descubre que, para disfrutar “como es debido”, debe volver a pasar por caja… casi como si estuviera comprando el juego desde cero.
El debate, por tanto, no es si el contenido premium merece o no su precio. El verdadero debate es otro: ¿qué ocurre cuando una compañía destruye el valor del producto para luego intentar venderlo a precio de lujo?
La respuesta está servida. Y no es halagadora para Microsoft.



