Científicos españoles dejan la América de Trump: «Esto es como Alemania en los años 30»
Los drásticos recortes en la financiación de la ciencia impulsados por el gobierno de Donald Trump han sembrado la incertidumbre entre la comunidad investigadora internacional en Estados Unidos. La que hasta hace poco era la Meca de la investigación para muchos científicos españoles se ha convertido en un terreno hostil, donde la inestabilidad económica y el retroceso en el respaldo gubernamental amenazan con paralizar proyectos de vanguardia y frenar carreras de décadas de esfuerzo.
«Nos sentimos como en Alemania en los años 30, con la diferencia de que aquí el enemigo no es un partido totalitario, sino la indiferencia de la administración hacia el conocimiento y la investigación», lamenta un biólogo español que trabaja en un prestigioso laboratorio estadounidense desde hace más de 15 años. Su testimonio es solo uno de los muchos que reflejan el desasosiego de la comunidad científica extranjera en EE.UU., especialmente la europea, que ve cómo sus fuentes de financiación se evaporan sin previo aviso.
Desde su llegada a la Casa Blanca en 2017, Trump ha impulsado recortes multimillonarios en agencias clave como los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Fundación Nacional de Ciencia (NSF). Esto ha obligado a numerosos centros de investigación a reducir personal, cancelar proyectos y buscar desesperadamente otras vías de financiación, muchas veces sin éxito. «Tener que competir cada vez más ferozmente por fondos menguantes es una situación insostenible», explica una ingeniera biomédica de origen español, quien ya ha iniciado los trámites para trasladarse a un centro en Alemania.
La situación ha llevado a muchos investigadores a replantearse su permanencia en EE.UU. Algunos han optado por regresar a España, pese a las limitaciones estructurales de su sistema de investigación, mientras que otros exploran alternativas en países europeos con mayor estabilidad presupuestaria para la ciencia, como Alemania, Francia o el Reino Unido. «América era el lugar donde querías estar si deseabas hacer investigación puntera. Ahora, es un sitio donde sobrevivir se ha vuelto demasiado incierto», concluye un físico teórico que ha decidido mudarse a Suiza.
El impacto de esta «fuga de cerebros» no solo se sentirá en los proyectos individuales de estos científicos, sino también en la posición de liderazgo de EE.UU. en la investigación global. Mientras tanto, países europeos y asiáticos aprovechan la crisis para atraer talento, ofreciendo estabilidad, mejores condiciones y la promesa de un futuro en el que la ciencia sea una prioridad y no una víctima de las decisiones políticas.