Tiempo de lectura: 4 minutos — por LucenPop
El buenismo y el malismo en Michael (crítica, 2026)

El buenismo y el malismo en Michael (crítica, 2026)

Crítica de Michael (2026)

En el extraño teatro contemporáneo de la crítica —ese anfiteatro digital donde un dictamen se replica con la velocidad de una bala y la ligereza de un eco—, la película Michael, dedicada a la figura de Michael Jackson, ha quedado atrapada en una dialéctica tan simplista como reveladora: o se la absuelve con fervor acrítico, o se la condena con una severidad casi ritual.

Y, como suele ocurrir en estos tiempos de opinión delegada, ha prevalecido lo segundo.


El contagio del juicio

Basta con que un medio influyente estadounidense emita un veredicto tibio —o directamente adverso— para que una legión de replicantes críticos, instalados en trincheras tan variopintas como canales de YouTube, webs de videojuegos o incluso columnas deportivas, activen el mecanismo reflejo: repetir, amplificar, deformar.

No hay aquí lectura, sino adhesión.

No hay mirada, sino consigna.

Así, Michael no ha sido tanto analizada como heredada críticamente, arrastrada por una corriente donde la opinión ya no nace, sino que se transmite como un virus elegante. Este fenómeno —que podríamos llamar “malismo”— no implica necesariamente mala fe, pero sí una preocupante renuncia al juicio propio. La película se convierte entonces en un pretexto, no en un objeto de estudio.

critica-michael-opiniones-768x1138-1-691x1024 El buenismo y el malismo en Michael (crítica, 2026)

Una obra más que correcta

Y, sin embargo, Michael resiste.

No como una obra maestra —eso sería exigirle una trascendencia que ni siquiera el género suele permitirse—, sino como un biopic sólido, funcional y, por momentos, genuinamente vibrante. El recorrido por los grandes éxitos, desde la era de los Jackson 5 hasta la consagración global, posee una energía casi contagiosa.

En ese sentido, la presencia de Jaafar Jackson no es un mero reclamo genealógico, sino una encarnación física sorprendente: hay instantes en los que el cuerpo parece recordar lo que la historia intenta reconstruir. Las coreografías no se imitan, se invocan.

Pero el cine —como la memoria— exige algo más que fidelidad gestual.


El peso del buenismo

Aquí es donde emerge el otro polo de esta tensión: el “buenismo”.

Porque si el malismo externo ha castigado a la película con una dureza contagiosa, el propio film se debilita desde dentro al abrazar una visión excesivamente indulgente de su protagonista. No es un problema exclusivo de Michael, sino una enfermedad crónica del biopic musical: la necesidad de preservar el mito a costa de la complejidad.

Salvo excepciones milagrosas como Bird de Clint Eastwood —donde el genio y la autodestrucción bailaban en equilibrio trágico—, el género tiende a limar las aristas, a dulcificar las sombras, a convertir al artista en una figura casi redentora.

El buenismo y el malismo en Michael (crítica, 2026)

Y Michael Jackson, por supuesto, no fue eso.

Fue un coloso creativo atravesado por contradicciones, obsesiones, fragilidades y un ego tan descomunal como su talento. La película, sin embargo, se detiene antes de cruzar ciertos umbrales incómodos. Prefiere sugerir antes que confrontar. Insinúa donde debería mirar de frente.

Como bien se ha señalado:

“El repaso a los hits del artista… es fantástico. Jaafar Jackson convence en las coreografías imposibles… Ahora bien, a la película le falta bastante sustancia para dibujar la verdadera figura… Es demasiado blanda… y falta la otra mitad de su vida”.

Esa “otra mitad” no es un añadido opcional: es, en realidad, el núcleo ausente.


Entre la hagiografía y el linchamiento

Lo verdaderamente fascinante del caso Michael no es tanto la película en sí, sino el espejo cultural que activa.

Por un lado, una industria que teme incomodar y opta por la reverencia.

Por otro, una crítica globalizada que ya no destruye por convicción, sino por inercia.

Entre ambos extremos, la obra queda suspendida en un limbo donde resulta casi imposible ejercer una valoración equilibrada. O se la santifica o se la desprecia. Pero rara vez se la piensa.


Epílogo: el arte de mirar sin permiso

Quizá el mayor gesto de rebeldía hoy no sea defender una película ni atacarla, sino simplemente mirarla sin pedir permiso.

El buenismo y el malismo en Michael (crítica, 2026)

Michael no es la obra definitiva sobre Michael Jackson. Tampoco pretende serlo. Es, en el mejor de los casos, un acercamiento incompleto, a ratos fascinante, a ratos temeroso.

Pero en su imperfección hay algo valioso: la posibilidad de recordar que el juicio estético no debería delegarse.

Porque cuando la crítica se convierte en eco, el cine —como la música— corre el riesgo de dejar de escucharse para empezar, simplemente, a repetirse.

Michael (crítica, 2026)

También te puede interesar: Desnudar lo imposible: los cuerpos atrevidos en Las aventuras del barón Münchhausen (1943)

Puede que te hayas perdido esta película gratuita