Tiempo de lectura: 3 minutos — por LucenPop
Resident Evil (2026)

El fulgor enfermo de Raccoon City: el tráiler que devuelve el pulso al horror en Resident Evil (2026)

Resident Evil (2026)

Hay avances que informan, otros que seducen… y luego están aquellos que, en apenas noventa segundos, inoculan una fiebre. El nuevo tráiler de Resident Evil pertenece a esta última estirpe: una pieza breve, casi quirúrgica, que no pretende explicar sino contaminar. Y lo hace, sorprendentemente, desde una convicción estética que durante años había sido esquiva en las adaptaciones de la saga.

Desde su primer fotograma, la imagen se percibe densa, casi viscosa. La luz no ilumina: se adhiere a las superficies como una humedad malsana. Hay una cualidad táctil en el encuadre, un uso del contraste que rehúye el brillo digital plano y apuesta por una penumbra cargada de amenaza. Aquí, la noche no es un decorado, sino un organismo que observa.

El responsable de este giro tonal es Zach Cregger, quien tras el eco inquietante de Weapons parece decidido a devolver al horror su dimensión física. En su mirada, Raccoon City no es solo un escenario: es una herida abierta, un espacio donde cada esquina sugiere una historia que no queremos conocer, pero tampoco podemos evitar.

Lo más fascinante del tráiler es su progresión rítmica. Comienza con una cadencia casi contemplativa, donde el silencio pesa más que los sonidos. Pero poco a poco, como si el propio montaje se infectara, la pieza acelera hasta convertirse en una huida desesperada. En ese tramo final, la película revela su ambición: no limitarse al terror, sino abrazar una energía cinética cercana a Mad Max: Fury Road, aunque aquí el polvo del desierto es sustituido por una lluvia de carne y ruina.

Hay un plano —ya icónico antes incluso del estreno— en el que cuerpos infectados se precipitan desde lo alto de los edificios, evocando ecos de The Walking Dead: Dead City, pero con una violencia más abrupta, menos coreografiada. No hay épica en la caída: solo gravedad y destino.

La decisión de apartarse de los iconos clásicos —ni Mansión Spencer, ni Leon S. Kennedy, ni Jill Valentine— podría parecer, en un primer momento, una herejía. Sin embargo, este desvío permite algo más valioso: reconstruir el universo desde sus cimientos emocionales. El protagonista, un simple mensajero atrapado en el colapso, encarna una idea esencial del survival horror: la fragilidad del individuo frente a lo incomprensible.

Visualmente, el tráiler apuesta por una cámara que no se limita a observar, sino que participa. Se desliza, tropieza, se precipita con los personajes. No hay distancia de seguridad. El espectador no contempla el horror: lo atraviesa.

Quizá lo más prometedor de este primer vistazo no sea lo que muestra, sino lo que sugiere. Una película que entiende que el miedo no nace de lo explícito, sino de la textura. Del sonido que llega demasiado tarde. De la sombra que no coincide con el cuerpo. De la sospecha de que algo, en el encuadre, está fuera de lugar.

El 18 de septiembre no será solo un estreno. Será una prueba. La de si, por fin, Resident Evil logra reconciliarse con su propia esencia: ese equilibrio delicado entre lo grotesco y lo fascinante, entre el sobresalto y la inquietud persistente.

Y por primera vez en mucho tiempo, hay un motivo —aunque sea leve, aunque sea inquietante— para confiar.

Resident Evil (2026)

También te puede interesar: El making off de Maddy Max más allá de la cúpula del viento

Puede que te hayas perdido esta película gratuita