Creíamos que éramos 8.000 millones de personas en todo el planeta. Hasta que unos investigadores se pusieron a hacer números
En noviembre de 2022, la ONU celebró que la población mundial había alcanzado los 8.000 millones de habitantes. Si bien se trata de estimaciones, lo verdaderamente relevante no es la cifra en sí, sino el hecho de que en 2023 no se alcanzó la tasa de reemplazo, lo que sugiere que la humanidad alcanzará su punto máximo a finales de siglo antes de iniciar un declive inevitable. Sin embargo, ¿hasta qué punto podemos confiar en estos cálculos? Esta cuestión ha sido motivo de debate durante años, y un reciente estudio añade una nueva perspectiva al plantear que hemos estado subestimando la cantidad real de personas en el planeta.
La omisión no es menor: podrían faltar varios cientos de millones de personas en los registros oficiales.
¿Son fiables las cifras demográficas?
«Calcular el número exacto de habitantes en la Tierra es una ciencia inexacta», señaló el demógrafo Jakub Bijak en una entrevista con la BBC en 2023, cuando se publicó el informe Perspectivas de la Población Mundial. La demografía, aunque basada en datos y metodologías rigurosas, no ofrece certezas absolutas. Como lo explicó Toshiko Kanera, experta en pronósticos poblacionales, las estimaciones se fundamentan en tendencias históricas, conocimientos especializados y en la mejor información disponible. No obstante, si los datos han sido erróneos desde el principio, ¿qué tan fiable es la imagen que tenemos de la población mundial?
La gran omisión: millones de personas sin registrar
Un reciente estudio publicado en Nature por investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia, sugiere que los conjuntos de datos demográficos subestiman de manera profunda y sistemática el número de habitantes en diversas partes del mundo. La magnitud del error es alarmante, pues se habla de cientos de millones de personas que no han sido contabilizadas.
Uno de los hallazgos más significativos del estudio se centra en las áreas rurales. Josias Láng-Ritter, coautor del informe, señala que por primera vez se ha encontrado evidencia de que una parte considerable de la población rural podría estar ausente en los registros globales. Y no se trata de una desviación menor: la subestimación oscila entre un 53% y un 84%, dependiendo del conjunto de datos analizado.
Un sesgo estructural en los censos
El problema no es reciente. Anteriores estudios ya habían señalado imprecisiones en censos nacionales o en registros urbanos, pero la investigación de la Universidad de Aalto ofrece una visión más amplia al comparar los cinco principales conjuntos de datos poblacionales utilizados a nivel global. Para ello, se emplearon mapas de alta resolución y se tomaron como referencia los registros de reasentamiento de más de 300 proyectos de represas rurales en 35 países.
¿Por qué utilizar represas como punto de comparación? Porque cuando se construye una represa, las comunidades que habitan en la zona afectada son reubicadas, lo que permite disponer de datos precisos sobre el número de personas trasladadas. Al contrastar estos registros con los mapas poblacionales de 1975 a 2010, los investigadores encontraron que, aunque los datos más recientes eran más precisos, seguían omitiendo entre el 32% y el 77% de la población rural.
Entre 2015 y 2020 se actualizaron los conjuntos de datos, pero los demógrafos advierten que la subestimación persiste en diversas regiones del mundo.

Las consecuencias de un censo inexacto
El impacto de estas imprecisiones es significativo. Según el estudio, la falta de datos precisos es un problema estructural: muchos gobiernos carecen de los recursos para realizar censos exhaustivos en zonas rurales, lo que genera una brecha entre la población real y la reportada. Este desfase afecta directamente la toma de decisiones políticas y la distribución de recursos esenciales.
Actualmente, se estima que el 43% de los 8.200 millones de habitantes del mundo vive en áreas rurales, lo que equivale a aproximadamente 3.526 millones de personas. Sin embargo, si consideramos que la población rural ha sido subestimada entre un 53% y un 84%, podríamos estar hablando de entre 1.869 y 2.962 millones de personas no contabilizadas.
Este déficit de información repercute en cuestiones fundamentales como la planificación de infraestructuras, la asignación de recursos médicos y la gestión de desastres naturales. Como señala Ritter, en muchos países las decisiones gubernamentales dependen de los mapas de población global: ¿se necesita construir un hospital? ¿Cuántas medicinas deben distribuirse en una determinada zona? ¿Cuántas personas podrían verse afectadas por un desastre natural? Si las cifras son erróneas, las respuestas a estas preguntas también lo serán.
Hacia un modelo más preciso
El estudio destaca que algunos países han logrado minimizar estos errores gracias a registros más rigurosos. Finlandia, por ejemplo, ha digitalizado sus censos desde hace más de 30 años, lo que permite datos más fiables incluso en zonas rurales. En contraste, naciones con sistemas menos desarrollados o afectados por crisis sociopolíticas enfrentan discrepancias significativas entre la población real y la estimada.
El desafío ahora es revisar los métodos actuales para mejorar la precisión de las estimaciones y garantizar que las políticas públicas se basen en datos más fidedignos. Porque en un mundo donde cada persona cuenta, no podemos permitirnos desconocer a millones.