Felipe II y el por qué de la sombra de la leyenda negra: un emperador vilipendiado frente a la glorificación de Enrique VIII y Napoleón
Felipe II, uno de los monarcas más influyentes de la historia, gobernó un imperio vastísimo que abarcaba territorios en Europa, América, Asia y África. Sin embargo, su figura ha sido ignorada en muchas narrativas históricas y maltratada por la llamada «leyenda negra», mientras que otros líderes como Napoleón o Enrique VIII han sido ampliamente representados en la cultura popular. ¿Por qué este desequilibrio?
El peso de la hegemonía española y la leyenda negra
A diferencia de Francia o Inglaterra, que lograron imponer sus propios relatos históricos, España se convirtió en blanco de una intensa campaña de desprestigio desde el siglo XVI. La propaganda de los Países Bajos, Inglaterra y otros enemigos de la monarquía hispánica presentó a Felipe II como un déspota cruel y fanático, atribuyéndole crímenes y exagerando los aspectos más oscuros de su reinado. La oposición protestante, en particular, promovió la imagen del «demonio del sur», un estereotipo que se consolidó en la historiografía anglosajona y que todavía hoy tiene eco en muchos países.

Esta campaña de descrédito contrastó con el culto a otras figuras históricas. Napoleón, a pesar de sus brutales guerras y su autoritarismo, es considerado un símbolo de modernización y genio militar. Enrique VIII, conocido por su violencia y represión, es recordado más por sus matrimonios y su ruptura con la Iglesia católica que por su despotismo. En ambos casos, la historiografía nacional ha favorecido una visión positiva, mientras que la imagen de Felipe II ha quedado atrapada en un relato hostil perpetuado en la literatura, el cine y los libros de historia anglosajones.
La falta de representación cultural de Felipe II
A pesar de su relevancia histórica, apenas hay películas o novelas dedicadas a Felipe II. Mientras que Inglaterra y Francia han creado mitos en torno a sus líderes, España ha sido más autocrítica y ha dejado que el relato extranjero domine. Esto ha influido en la percepción global del imperio español, que suele verse con una visión negativa.

El cine y la literatura han jugado un papel clave en esta omisión. Mientras que hay cientos de obras sobre Napoleón, Enrique VIII o la colonización británica, la figura de Felipe II se ha relegado a un segundo plano, salvo en producciones extranjeras que lo retratan como villano (por ejemplo, en la película Elizabeth: The Golden Age). La Inquisición, la Armada Invencible y la guerra en Flandes se han utilizado para reforzar su imagen de tirano, sin matizar la complejidad de su reinado.
Colonización: doble rasero histórico
La colonización española es a menudo vista con desprecio, mientras que la británica o la francesa han sido más indulgentemente tratadas. Parte de esta diferencia radica en la influencia de los países anglosajones en la historiografía moderna. Mientras que el dominio español en América es presentado como opresión y genocidio, el colonialismo inglés y francés se asocia con «civilización» y «modernización», a pesar de que sus políticas fueron igual o más brutales.

Este fenómeno no es casual: responde a intereses geopolíticos. La hegemonía cultural anglosajona ha favorecido una visión sesgada del pasado, en la que las conquistas españolas se demonizan mientras que las inglesas y francesas se celebran. Además, la propia historiografía española ha sido menos activa en reivindicar sus logros históricos, contribuyendo a esta distorsión
Conclusión
Felipe II es un caso paradigmático de cómo la historia es moldeada por la propaganda y la política. A pesar de haber sido uno de los monarcas más poderosos de la historia, su figura ha sido relegada al olvido o tergiversada, mientras que sus contemporáneos ingleses y franceses han sido convertidos en héroes. Para cambiar esta percepción, es necesario reivindicar una visión más justa del pasado y promover un relato más equilibrado sobre la historia de España.